Si tu hijo quiere estudiar un curso escolar en Estados Unidos, ¡dice mucho de sus ganas de crecer! Esta decisión implica muchos aspectos a tener en cuenta, y él/ella ya habrá pensado en muchos de ellos, como que va a dejar aparcada su vida aquí, que va a tener que enfrentarse a muchas cosas desconocidas, y que va a tener que adaptarse a nuevos hábitos y costumbres.

Él/ella ya ha dado el paso más importante para poder vivir esta experiencia, que es la madurez que conlleva. Y ahora te toca a ti tomar conciencia de que tu hijo quiere dar un paso más allá. Te vamos a contar lo más importante, teniendo en cuenta nuestra experiencia de más de 45 años en Educación Internacional.

Madurez y otros requisitos mínimos

«Al volver sentí que no era la misma persona que había ido; me siento más maduro, más seguro de mí mismo, más independiente, con más iniciativa y con más visión global…» Luis Ordás (Año Escolar en Estados Unidos en Colegio Público)

Estudiar un Año Escolar en el extranjero supone vivir un año fuera de casa, lejos de la familia, amigos y de todas las comodidades a las que nuestros hijos están acostumbrados. Es por ello que para dar comienzo a esta experiencia es necesario un mínimo de madurez personal. La capacidad de enfrentarse a lo -hasta ahora- desconocido  y de adaptarse a una cultura distinta es algo fundamental para poder vivir con éxito esta gran aventura.

También hay que tener en cuenta que será necesario un nivel mínimo de inglés, puesto que las clases a las que asistirá se impartirán en el idioma, al igual que los exámenes que tendrá que realizar. Rápidamente adquirirá soltura y notará en poco tiempo una gran aprendizaje, pero necesita un nivel mínimo para empezar.

Y, sobre todo, lo que más falta hace es que el participante tenga ganas y motivación de vivir un año escolar fuera de casa. Solo así le sacará el máximo partido.

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¿Cuándo empieza y termina el curso escolar?

Cada estado puede llegar a funcionar de forma independiente. Por eso el inicio de curso puede ser desde la tercera semana de agosto, en colegio públicos, a la segunda semana de septiembre, en colegios privados. Y contarán 42 semanas desde su fecha de inicio, finalizando en mayo-junio. Aunque en algunos casos, debido al retraso ocasionado por las nevadas del invierno, se alarga el final de curso para poder recuperar las clases perdidas.

Los estudiantes cuentan también con festividades puntuales, como Acción de Gracias, y periodos vacacionales más largos, como en Navidad o los tres meses de verano. Estos son los momentos ideales para ir a verle a su destino, o para que vuelva a casa por unos días/semanas.

Volver a casa en vacaciones

¿Mejor en familia o en una residencia?

No hay objetivamente una opción mejor que otra. Seréis vosotros los que tendréis que decidir cuál de las dos opciones es mejor para vuestro hijo. Dependerá de su personalidad, sus necesidades y objetivos a cumplir. Te ayudamos a discernir:

Alojamiento en familias

Los alumnos que se alojan en familias realizan una inmersión total en la cultura americana. Además, en todo momento se ven respaldados por una familia, como si se encontrasen en su propia casa, lo cual puede aportar mucha seguridad, tanto a vuestro hijo como a vosotros.

Vivir el día a día, entrando en una nueva dinámica familiar, hace que los participantes tengan de forma temprana mucha soltura con el idioma, aunque no hayan adquirido todavía un gran nivel de inglés. La inmersión familiar también puede ayudar a hacerse antes con la cultura y poder descubrir de una forma más auténtica este país americano.

Todos los participantes que viven en familias aseguran crear un vinculo muy especial con ellos. ¡Y no solo ellos, sino también los propios padres de los participantes!

Alojamiento en residencia

Alojarse en una residencia estudiantil o internado les ayudará a tener una experiencia un poco más social, ya que tendrán que hacer un esfuerzo «extra» por encontrar sus proprios apoyos. En este tipo de programas las relaciones de amistad que se crean son muy fuertes, ya que de alguna forma se convierten también en «familia».

Esta opción, aunque a primera vista pueda parecer un poco más arriesgada, ayuda increíblemente a los participantes a valerse por sí mismos, enfrentarse a lo desconocido y perderle el miedo o vergüenza a la vida adulta.

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