Blog Semana 2 – Nueva York Fordham

Miércoles 8 de julio

¡Empieza la segunda semana en NYC! Después del desayuno en la residencia, nos esperaba una nueva excursión para seguir descubriendo algunos de los rincones más modernos y sorprendentes de Nueva York. En esta ocasión pusimos rumbo a la zona de West Village y Hudson Yards, donde disfrutamos de una jornada llena de lugares muy diferentes entre sí.

Nuestra primera parada fue Little Island, un original parque flotante construido sobre el río Hudson. Su llamativo diseño, sostenido por cientos de columnas en forma de tulipán, lo convierte en uno de los espacios más singulares de la ciudad. Paseamos por sus senderos, disfrutamos de sus jardines y contemplamos unas preciosas vistas del río y del skyline de Manhattan.

Después recorrimos The High Line, un antiguo trazado ferroviario elevado que ha sido transformado en un bonito parque urbano. Durante el paseo pudimos disfrutar de zonas verdes, obras de arte al aire libre y diferentes perspectivas de la ciudad, convirtiéndose en una de las visitas favoritas del día.

La siguiente parada fue Chelsea Market, un mercado cubierto muy conocido por su gran variedad de puestos de comida, pequeñas tiendas y ambiente industrial. Allí tuvimos tiempo para pasear, descubrir algunos de sus locales más famosos y disfrutar del ambiente tan especial que se respira en este lugar.

Más tarde nos dirigimos a Hudson Yards, uno de los barrios más modernos de Nueva York, donde dispusimos de tiempo libre para recorrer sus tiendas y hacer algunas compras.

Sin duda, uno de los momentos más esperados del día fue la subida a The Edge, el observatorio al aire libre más alto del hemisferio occidental. Desde su impresionante plataforma, situada a más de 300 metros de altura, pudimos contemplar unas vistas panorámicas espectaculares de Manhattan, el río Hudson y gran parte de Nueva York. Fue una experiencia inolvidable y uno de esos momentos que nos dejó a todos con la cámara en la mano y la boca abierta.

Después de un día lleno de emociones y de descubrir nuevos rincones de la ciudad, regresamos a la residencia muy contentos, compartiendo nuestras fotos y anécdotas de la jornada, y con muchas ganas de seguir disfrutando de todo lo que Nueva York aún tenía preparado para nosotros.

Jueves 9 de julio

El jueves tocó volver a las clases después de varios días de excursiones. Como cada mañana, comenzamos el día desayunando en la residencia antes de dirigirnos a la universidad.

Cada estudiante asistió a su grupo según su nivel de inglés, donde continuaron aprendiendo a través de actividades dinámicas y prácticas. Además de seguir mejorando el idioma, las clases les permitieron compartir experiencias con compañeros de diferentes nacionalidades y conocer un poco más sobre la cultura estadounidense.

Tras la comida regresamos a las aulas para completar la jornada académica. Al finalizar las clases, la actividad programada para la tarde era la práctica de diferentes deportes en el campus. Sin embargo, después de varios días con un ritmo muy intenso, decidimos aprovechar la tarde para descansar y disfrutar de un rato de tiempo libre en la residencia.

Después de cenar, nos fuimos a dormir para recuperar fuerzas y seguir disfrutando de todo lo que nos esperaba en los siguientes días.

Viernes 10 de julio

El viernes nos esperaba una de las excursiones más divertidas de la semana: Coney Island, un lugar muy conocido por su playa, su paseo marítimo y su histórico parque de atracciones, que desde hace más de un siglo es uno de los destinos de ocio favoritos de los neoyorquinos.

Nada más llegar, nos dirigimos al parque de atracciones, donde disfrutamos de una mañana llena de emociones. Fuimos probando las diferentes montañas rusas y atracciones, corriendo de una a otra y pasándolo en grande. Entre risas y adrenalina, fue, sin duda, uno de los días más divertidos del programa.

Después dimos un paseo por el famoso Boardwalk, el emblemático paseo marítimo de Coney Island, desde donde pudimos disfrutar de las vistas de la playa y del ambiente veraniego de la zona.

A la hora de comer fuimos a Ruby’s, uno de los restaurantes más tradicionales de Coney Island, donde degustamos hamburguesas, perritos calientes y otros platos típicos americanos. Además, tuvimos la suerte de poder ver todos juntos el partido entre España y Bélgica, celebrando con mucha ilusión la victoria de nuestra selección en un ambiente fantástico.

Por la tarde nos desplazamos hasta DUMBO (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), un antiguo barrio industrial convertido en una de las zonas más modernas de Brooklyn y famoso por ofrecer una de las vistas más fotografiadas de Manhattan, con el puente de Manhattan enmarcando el horizonte. Allí aprovechamos para hacer muchas fotos y disfrutar del precioso entorno.

Después recorrimos el Puente de Brooklyn, uno de los puentes colgantes más famosos del mundo y todo un símbolo de Nueva York. Inaugurado en 1883, conecta los distritos de Brooklyn y Manhattan y ofrece unas vistas espectaculares del skyline de la ciudad, convirtiéndose en una visita imprescindible para cualquiera que viaje a Nueva York.

Al finalizar la excursión regresamos a la residencia muy contentos después de un día repleto de diversión, nuevas experiencias y algunos de los paisajes más bonitos que hemos visto hasta ahora.

Sábado 11 de julio

El sábado volvimos a disfrutar de un día de clases en la Universidad de Fordham. A estas alturas del programa ya estamos completamente adaptados a la rutina del campus y cada vez nos sentimos más cómodos tanto en las aulas como con nuestros profesores y compañeros internacionales.

Durante la jornada continuamos mejorando nuestro inglés a través de diferentes actividades y compartiendo experiencias con estudiantes de otras nacionalidades, aprovechando cada día para aprender un poco más.

Después de cenar, la residencia organizó una discoteca para todos los estudiantes. Muchos nos animamos a participar, bailar un rato y pasar un buen momento junto a nuestros compañeros turcos, ucranianos, serbios y de otras nacionalidades. Fue una noche muy divertida, llena de risas y buen ambiente, que puso el broche final a otra gran jornada en Nueva York.

Como siempre, terminamos el día regresando a nuestros apartamentos para descansar y prepararnos para la siguiente aventura.

Domingo 12 de julio

El domingo también fue día de clases en la Universidad de Fordham. Como cada mañana, comenzamos el día con un buen desayuno en la residencia antes de dirigirnos a las aulas, donde seguimos mejorando nuestro inglés a través de actividades dinámicas junto a nuestros profesores y compañeros internacionales.

Este día fue un poco especial, ya que era la graduación de muchos de los estudiantes de otras nacionalidades que finalizaban su programa de dos semanas. Durante la jornada realizaron diferentes presentaciones y actividades de despedida. Fue una forma muy bonita de cerrar su experiencia y despedirnos de compañeros con los que habíamos compartido clases y actividades desde nuestra llegada.

Por la tarde-noche, la residencia organizó una actividad deportiva para los estudiantes. Sin embargo, después de tantos días de excursiones y actividades, la mayoría decidimos aprovechar ese tiempo para descansar y disfrutar de un rato tranquilo en la residencia antes de afrontar una nueva semana llena de aventuras.

Lunes 13 de julio

El lunes nos esperaba una de las excursiones más esperadas del programa: la visita a la Estatua de la Libertad, uno de los grandes símbolos de Nueva York y de Estados Unidos.

Después de desayunar, nos dirigimos al ferry que nos llevó hasta Liberty Island. Allí tuvimos la oportunidad de contemplar la estatua desde muy cerca, pasear a sus pies y hacernos muchísimas fotos en un lugar tan emblemático. También aprovechamos para visitar la tienda de recuerdos, donde muchos compramos pequeños souvenirs, como llaveros y réplicas en miniatura de la famosa estatua.

A continuación, nos desplazamos hasta Ellis Island, la isla por la que pasaron millones de inmigrantes que llegaron a Estados Unidos en busca de una nueva vida. Allí hicimos una parada para comer todos juntos antes de regresar en ferry a Manhattan.

Una vez de vuelta en la ciudad, disfrutamos de un rato de tiempo libre para pasear y hacer algunas compras.

Para terminar el día fuimos a cenar al Hard Rock Café, un restaurante famoso en todo el mundo por combinar la gastronomía americana con una impresionante colección de objetos originales relacionados con la historia del rock y de grandes artistas internacionales. Disfrutamos de una auténtica cena al más puro estilo americano, entre hamburguesas, risas y muy buen ambiente, aprovechando además para compartir nuestros últimos momentos con algunos compañeros de otras nacionalidades antes de su regreso a casa.

Al finalizar la jornada regresamos a la residencia muy contentos después de otro día inolvidable.

Martes 14 de julio

El martes nos esperaba una excursión diferente, ya que en esta ocasión realizamos la visita únicamente con nuestro grupo. Comenzamos el día subiéndonos al famoso Roosevelt Island Tramway, el teleférico que conecta Manhattan con Roosevelt Island y que ofrece unas vistas espectaculares del río East y del skyline de la ciudad.

Una vez en la isla, dimos un agradable paseo hasta el faro de Roosevelt Island, disfrutando de un entorno mucho más tranquilo y diferente al bullicio habitual de Manhattan.

Más tarde nos desplazamos hasta Brooklyn, donde cada uno pudo elegir dónde comer. Algunos optaron por las clásicas hamburguesas americanas, mientras que otros prefirieron opciones más saludables, como ensaladas o burritos.

Después nos reunimos todos para ver juntos el partido de España, disfrutando muchísimo de la victoria y compartiendo un ambiente increíble. Además, nos hizo mucha ilusión saber que la gran final se celebrará aquí, en Nueva York, mientras nosotros seguimos viviendo esta experiencia.

Para terminar la tarde cruzamos caminando el Williamsburg Bridge, desde donde pudimos contemplar unas preciosas vistas del East River y del perfil de Manhattan, antes de llegar a Essex Market, un mercado gastronómico con una gran variedad de puestos de comida de diferentes países. Cada uno eligió la opción que más le apetecía para cenar, disfrutando una vez más de la diversidad culinaria que ofrece la ciudad.

Ese día regresamos a la residencia un poco antes de lo habitual para descansar y recuperar energías, ya que al día siguiente nos esperaba una nueva excursión y todavía quedaban muchas aventuras por vivir en Nueva York.

Ahora toca seguir viviendo esta experiencia al máximo, ¡os seguiremos contando!

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